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OPUS NIGRUM

A grandes rasgos se constata que hay al menos dos tipos de aficionados y de conocedores de la Fórmula 1. Los que vienen detrás de ella desde hace años y los recién llegados. 

Es obvio y de lo más natural que no todo el tiempo coincidan en sus puntos de vista. Unos, quieren extremar la importancia del deporte en sí y otros abogan por tener más espectáculo.

Como ejemplo baste pensar en que los veteranos intercederán por el ensalzamiento de pilotos tipo Jenson Button porque es un caballero, dicen; y los bisoños en cambio, van a votar con furor porque a lo largo de la grilla únicamente se formen puros corredores del corte de Max Verstappen ya que esto implicará emociones a pasto.

Pasaron muchas situaciones y se vieron cantidad de cambios importantes desde el año de 1950 hasta el de 2016. Pero en el presente, está a la vista y será de lo más cierto: que viene una reforma profunda en el deporte supremo sobre ruedas.

Para no variar, cada tipo de público y de comunicador va a tener su parte de razón al esperar lo que desea que pase y al mismo tiempo, estas facciones están obligadas a olvidar que las respuestas se vayan a dirigir al 100% para seguirle el juego a sus anhelos. 

Sin temor al equívoco, se tendrá que aceptar que la realidad nunca es retratada en blanco y negro, al contrario, entre más se la exige: más se dibuja en la escala de sus tonos grises. 

Lo hasta aquí escrito viene al caso, se puede imaginar, porque es el momento de la puesta en marcha del nuevo paradigma en la F1. El hecho de que hubiese llegado un nuevo mando, y norteamericano para más señas, a gestionar el futuro de las carreras de autos más sublimes de la historia, invita a que se piense en que todo será bordar y silbar. 

Pero eso no va a ser del todo cierto. 

Por más entusiasmo y alborozo que se tenga en producir nuevos efectos. Las cosas como han sido y como son, no dejarán que haya un borrón y empiece la cuenta nueva así como así. El deporte en cuestión es un organismo vivo y por ello, tiene un metabolismo y unos hábitos que para mudarse requieren de movimientos pausados y lógicos.

Es más interesante así como certero ver lo que ocurrirá, cual una oportunidad que no debe de ser desperdiciada, en vez de querer un encadenamiento de nuevas estrategias para darle gusto nada más a uno de los tipos de seguidores, o al otro. 

Ni tan clásicos, ni tan irruptores.  

PUNTOS DE VISTA

Sin darle demasiadas vueltas al asunto: va a ser de lo más lógico que los nuevos llegados al Circus (Liberty Media) quieran ver las cosas con otros lentes bien distintos a los que traen sobre los ojos los anteriores responsables de La Carpa (la FOM de Bernie Ecclestone y sus aliados) y en parte, esto no se puede discutir. Así es.

Sin embargo, la compra-venta de acciones y la nueva sociedad forzosa: obliga a no intentar ninguna transformación brusca, porque tendrá como resultado quedar mal con todas las partes. Tiene que haber un traslape fino, revolución de terciopelo: para no hacer que salgan disparados actores o público. 

El camino que se debe de andar es tan claro, que no hay otro, más que seguir las trazas por donde va la humanidad completa: la cibernética, la ecología, y el reconocimiento al desencanto por los políticos como fueron hasta ahora; y eso sí, lo más lejos que se pueda de la corrupción, es decir, sin ella.

Las carreras de coches deberán de correr más por las pistas del mundo digital para ir de acuerdo con las tendencias de la época, pero sin abandonar los valores clásicos: el deportivismo y el juego limpio. Desde luego que prive el negocio: porque los nuevos barones han llegado para ganar mucho dinero, pero debe de ser sin matar y ni siquiera maltratar a “la gallina de los huevos de oro”.

Esa “gallina”, no hay que hacerse tontos, es muy fácil de dibujar: basta el heroísmo auténtico de los pilotos, subidos en los coches más legales que jamás se hayan visto. De manera que el mundo de los espectadores, lo crea y los vaya a seguir con lealtad. Que no todo quiera continuar dependiendo de aquel que invierte más dinero y se alce como el vencedor único…

Por mucho que quien ha de ser el nuevo zar, Chase Carey, crea que sabe del intríngulis, cometerá un error si descabeza a Bernie Ecclestone sin que acabe de entregar el epílogo de su sabiduría. Las llaves maestras. Pero asimismo, es de lo más importante que no lo deje imperar solo y a su arbitrio, ya que no se puede ocultar que en muchos aspectos, son más que obsoletas algunas de sus necedades. 

Un nuevo deporte de atracción mundial, súper seductor que es como se profetiza y se lo desea, debe de servirse mucho más de las plataformas cibernéticas, eso es cierto; pero cuidando con absoluta seriedad y verdad, a lo que se haga en el asfalto y en los paddocks del mundo. 

Negocio, y espectáculo sí; pero rico, imparcial y generoso con las carreras en sí, a base de ser más serios; más creativos y a fondo realistas con los cambios de las reglamentaciones, tanto deportivas como las técnicas. La FIA no puede seguir dándose el lujo de cometer la cantidad de yerros vistos. Un solo ejemplo: los castigos hasta de 50 lugares abajo en las largadas, por la necesidad que tuvo algún piloto de cambiar un motor y sus partes híbridas. 

También será factor de peso, respetar lo que ha sido un deporte eminentemente europeo con raíces tan profundas que, para exponerlo, hay que acudir a los mundos clásicos de Grecia y de Roma; el resto del planeta lo come pero no lo digiere igual. Esto, lleva a pensar que se puede hacer más internacional, sí, pero sin que pierda la esencia europea.  

De décadas para acá la disciplina, se ha tornado televisiva más que nada; y ese medio no se debe de descartar, pero también hay que permitir con inteligencia el maridaje sano entre la TV y la Internet, lo que hasta hoy es un tabú. Es natural que se defiendan los derechos de quienes operan las cámaras y compran los derechos de transmisión, pero no por ello demonizar a quienes con seriedad profesional puedan difundir con mayor diligencia y tino las imágenes y las ideas. 

Habrá entonces que cuidar con todo celo que no pierda sus matrices la Fórmula 1 y que de a poco, sea, como se vayan operando los cambios para hacerla rejuvenecer, que no inclinarla a ser parida de nueva cuenta. 

Una sola de las dos vertientes que la quiera gobernar y dirigir, por parte de quienes ya estaban o de los que llegan: no podrá con el futuro. Se necesitarán a las dos generaciones, en las proporciones exactas. 

Se quiere y es urgencia ya: una fórmula todavía más en equilibrio. Mucho más fina y atinada. 

Opus Nigrum*.  

*La formulación soñada por los alquimistas de la antigüedad para transformar la materia… en oro.

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