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¡A Mil Por Hora!
BRASIL BRASILEIRO
Sobre el más grande que han tenido 
 

renco press. México. Abril de 2014. Parte de un material publicado en el número 22 de la revista W-Report. Es lugar común hablar del gigante de Latinoamérica como un país privilegiado. Puede que lo sea y las razones son muchas. Se asegura que, tanto entre los hombres como en las naciones, puede haber un destino manifiesto.

Brasil es maravilloso, pero lo que importa en este fragmento es hablar de uno de sus hijos más sublimes y reverenciados.

O MAIS GRANDE
Quienquiera que entra o sale de Sāo Paulo hacia la costa paulista, hacia el puerto industrial de Santos o hacia el norte con rumbo a Río de Janeiro, no puede dejar de estremecerse al circular por la avenida Ayrton Senna, una especie de radial de cuatro carriles por lado, que lleva ese nombre del más insólito héroe del país.

Esto es lo peculiar: que no sea un abanderado, un guerrero o un magro político a quien se le regala el nombre de una arteria tan importante en una las megalópolis más furiosas del mundo. Sino, a un deportista.

Por encima de cualquier cosa que se pueda contar del automovilismo de Brasil, su portento es el enorme piloto paulistano –y del planeta– desde siempre. Un tipo privilegiado que voló lejos de este mundo, contando nada más los 34 años. Pero en los que paró de cabeza a su país y a universo de la más alta velocidad.

Desde luego, y de manera intrínseca, porque manejaba los coches como pocos lo han hecho en la historia del vértigo. También, porque era un chamaco de tercer mundo –un tanto común y corriente– que tuvo que vérselas cuando menos con dos pilotos de talento bárbaro y que eran europeos: Alain Prost el francés y, el británico Nigel Mansell. Sin despreciar a la pléyade de grandes conductores de sus años: Elio de AngelisRené ArnouxPatrick TambayThierry BoutsenRiccardo PatreseStefan Johansson y Gerhard Bergerincluyendo a su paisano Nelson Piquet

A todos los bañó. 

Porque era obsesivo en su trabajo, porque tenía sed y hambre demencial en busca de la trascendencia; porque era de una humildad proverbial y además, lleno de carisma. Concentrado. Serio hasta lo indecible y, místico. Algo muy raro en estas lides. Su cristianismo, que rayaba muchas veces en lo fanático le hacía llegar a una comunicación de tal intimidad con el pueblo, que nunca antes tuvo el deporte de los autos más llenos de glamour en la historia.

Se daban la mano en él, la pasión desmesurada que despiertan las estrellas del fut en su tierra y una de las actividades que ahora se llaman “aspiracionales” ¿Quién no quiere alguna vez un Ferrari? Pues Ayrton, despachaba una semana sí y otra también, a los Ferrari por detrás de él.

DEMASIADO BONITO PARA SER VERDAD
La historia quiso tener un final de veras desdichado: el primero de mayo de 1994 en el trazado de Ímola, disputando un Grand Prix de San Marino, de una suerte funesta se atan las coincidencias, con tal crueldad, de modo que la varilla de la dirección de su Williams FW-16 con motor de Renault –azul y blanco, patrocinado por los cigarrillos Rothmans– y con gomas de GoodYear: se dispara fuera de su lugar y atraviesa el cráneo de Senna, pasando con milimétricamente exactitud por el hueco del visor de su casco.

Una desgracia increíble, porque todo estaba preparado para que él fuera monarca –por cuarta vez, en aquella temporada– constructor y motorista habían logrado conjuntar un bólido que estaba destinado a ser invencible ¿el diseñador? Casi nadie: era Adrian Newey. Pero, lo que pudo ser, no fue…

El corolario de este golpe tan cruel de la fortuna fue el Brasil, que se pinta solo para echar sus hechos. Llegó después de unos días el cuerpo sin vida de "El Tri". Lo velaron y le rindieron cualquier cantidad de tributos. Todo Sāo Paulo pasó a despedirse de su ídolo, de su santo laico.

Después, en un armón gigante, colorado, de los bomberos municipales, lo pasearon para un adiós interminable. Colosal, como no se ha visto parangón en ningún sitio ni antes en la historia: millones de ojos llenos de lágrimas pudieron ver lo que restaba de Ayrton Senna da Silva. La leyenda. 

El mito. 

El paradigma que aún no se ha podio igualar ni en el sur de América, ni en el orbe. Un piloto de autos de carreras al altar.

Ángelo della Corsa

SUS CIFRAS PERSONALES, EN LA "INFOGRAFÍA" QUE SE PUBLICA POR SEPARADO

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